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jueves, 13 de enero de 2022

El "caos" del protocolo COVID

 Ante el desbarajuste que está provocando la cepa omicrón en España, donde los casos positivos aumentan de mil en mil cada día, la sanidad está colapsada, saturada y desahuciada y ya no solo las unidades que están al pie de calle, recibiendo casos y más casos, sino hasta la administración sanitaria está saturada. Así que el ministerio de sanidad ha tenido que cambiar todos los protocolos (si alguna vez los ha tenido) y adaptarlos a la realidad que ahora tenemos. Veamos.

Vamos a poner un caso totalmente ficticio y para nada posible y real. Imaginamos que mi compañero de trabajo tiene contacto con un positivo y por lo tanto él se contagia. Pero no lo sabe hasta que, dos días más tarde, su amigo le llama y le dice que, como se encontraba mal, con fiebre, con un poco de tos seca, picor de garganta y todo lo que queramos, se ha ido al ambulatorio y ha solicitado una prueba de antígenos, por aquello de asegurarse. Y resulta que la prueba ha salido positiva y por lo tanto ya tenemos un caso nuevo que añadimos a las cifras. Como este ha sido positivo, dan parte a los rastreadores, esas personas que se sientan delante de un ordenador (porque siempre que los sacan por la tele están así), con un micrófono y contactando con la gente para decirles que han tenido contacto con un positivo, que deben llevar la mascarilla y que les llamarán para darles cita para hacer una PCR o un antígeno.

Volvemos a nuestro compañero, que dos días después del contacto con su amigo, todavía no tiene ningún síntoma, pero ya se ha "acojonao" y entonces se va al ambulatorio y allí comunica que ha tenido contacto con un positivo y que por si acaso quiere que le hagan la prueba, por aquello de prevenir. Pero lo primero que le contestan es que si no tiene síntomas, que no le hacen nada, que lo solicite a su médico de cabecera y este le dará cita. Así que, mi compañero se va a su casa y, dándole vueltas a la cabeza, al día siguiente repite la operación. Pero ahora, en vez de decir que no tiene síntomas, señala que se encuentra mal, que tiene fiebre y que lleva dos días sin poder dormir. Así que, sin pensárselo dos veces, le hacen un antígeno que, ¡oh casualidad! sale positivo. Así que otro más para aumentar las cifras.

Ahora bien, a este compañero le dicen que se quede en casa y que le llamarán los rastreadores para pedirle posibles contactos. Pero mientras le llaman y no le llaman, él por su cuenta decide llamarme para informarme que, aunque llevemos dos días sin vernos porque estamos de vacaciones, es posible que me hubiera contagiado, porque él ya había estado en contacto con su amigo antes. Así que, si quiero asegurarme, que vaya al ambulatorio y que pida una prueba por haber estado en contacto con un positivo y que, aunque no tenga síntomas que diga que me encuentro muy mal y que tengo síntomas, porque si no me mandarán para casa.

Bien, uno ya empieza a "acojonarse" también, aunque como está vacunado con las dos pautas e incluso le van a colar la tercera en unos días, como que tampoco se preocupa en exceso. Lo único por la familia, pero bueno, todo se puede evitar. A las pocas horas, los rastreadores se ponen en contacto conmigo. Preguntas típicas: ¿está vacunado? ¿tiene síntomas? ¿cuándo ha sido el último contacto con ese positivo? ¿quién es su médico de cabecera? ¿tiene usted mutua?... Para terminar diciéndote. "Usted puede hacer vida normal, procure no tener mucho contacto con gente, y siempre que lo haga con la mascarilla". Y entonces se me ocurre preguntar: "pero, ¿puedo salir o me quedo en mi casa?" "No, no, usted haga vida normal, si tiene que salir, salga, pero siempre con la mascarilla". "Le llamarán de su ambulatorio para darle cita para hacer un antígeno o un PCR" y listo. Ok, perfecto, entonces no tengo que guardar cuarentena.

Uno, que peca de responsable, evita a partir de ese momento salir de casa. Lo justo y necesario y evitando el contacto con otras personas, empezando por los familiares más próximos. La única que tiene que aguantarte es tu mujer, que no le queda otra. Como estás de vacaciones, tampoco tienes más inconvenientes. Van pasando los días y a la semana suena el teléfono. Te llaman del ambulatorio para recordarte que has tenido contacto con un positivo y que por lo tanto te van a realizar las pruebas. Te preguntan si tienes síntomas o no. Y te dan día y hora para realizarte las pruebas. Además te indican que dos días después de las pruebas te llamará la enfermera de tu médico para preguntarte, por lo que también te dan cita con ella. Pero que será una llamada telefónica, que no tienes que ir para nada al ambulatorio.

Llega el día de la prueba. Han pasado 9 días desde que tu compañero ha tenido contacto contigo. Te presentas en el ambulatorio y la enfermera te explica que van a hacer un antígeno y un PCR. El antígeno te dará el resultado en breve y el PCR al día siguiente. Si te llaman es porque das positivo, si no te llaman es porque es negativo y por lo tanto no tienes nada. Te toma la muestra con el bastoncillo, que por cierto te mete hasta el cerebro. Será para ver si lo tienes en su sitio o no. Y mientras los líquidos hacen su efecto, te pregunta ¿cuándo ha sido el último día de contacto con esa persona? Hace 9 días, es tu respuesta. Y se miran las dos enfermeras entre ellas y comentan. "Ya ves 9 días desde el contacto". A continuación se has tenido síntomas o no. Si estás vacunado... Vamos las preguntas que ya se han convertido en el cuestionario habitual. Y entonces te dice que el antígeno es negativo y que posiblemente el PCR también, pero que eso lo confirmarán mañana. De todas formas, con el tiempo que ha pasado y siendo el antígeno negativo y sin síntomas, seguro que sale también negativo, te señala la amable enfermera. Inocentemente le preguntas: ¿Entonces ya puedo salir? Claro, si usted está vacunado con las dos pautas, aunque sea positivo, puede salir. Ya no tiene que guardar cuarentena ni nada. "Es que yo llevo todos estos días evitando salir y por eso lo pregunto". "No, pero usted puede salir sin problema. Es usted un ciudadano muy responsable, porque no es necesario encerrarse". Se lo han explicado mal.

Si me lo han explicado mal o no, no lo sé. Lo que no me cuadra a mí es que si antes uno era positivo, tenía que encerrarse en casa y no salir hasta que fuera negativo o pasasen los días prudenciales en los que la carga vírica había bajado. Ahora, si uno es positivo, sin síntomas y está vacunado puede salir. Pero vamos a ver, el hecho de estar vacunado no impide que me pueda contagiar y por lo tanto que pueda contagiar. Con lo que no termino de entender este protocolo "caótico" que han propuesto y que luego, cada Comunidad Autónoma, aplica a su manera.

Esto explica que los casos se multipliquen diariamente (por encima de 400 en las dos última jornadas) y que tengamos por encima de los 2400 casos positivos diagnosticados. Y por si fuera poco, ahora con la saturación de la sanidad, ya no se molestan en llamarte para decirte que has sido contacto y que te van a dar cita para hacerte el PCR y el antígeno. Felicidades señores "pensantes", a este paso, el que no se muere de COVID, se va a morir de asco.

Por cierto, como decía al principio, esto es un caso ficticio (como otros tantos más).

domingo, 5 de diciembre de 2021

Certificado Covid para tomar una cerveza

 Viernes 3 de diciembre. Las 21:00h y alguien me manda un mensaje al móvil con el siguiente mensaje: «A partir de las 00:00h de este sábado 4 de diciembre, para acceder a los interiores de los bares y consumir, se presentará el Certificado Covid (pasaporte Covid). Esta medida ha sido avalada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía». Eso quiere decir que tengo 3 horas para localizar mi certificado Covid, imprimirlo o meterlo en mi móvil, porque en caso de no tenerlo no podré tomarme una cerveza en el interior de un bar. Sí podré hacerlo en una terraza, pero no dentro del bar.

La gente comienza a hablar, y da la sensación de que nadie entiende cómo se puede tomar una medida tan precipitada, sin tiempo a prepararse, vísperas de un macro puente como el de la Inmaculada, en el que miles de melillenses han salido de viaje a la Península.

Llega el sábado y en algún local de copas, donde es necesario el certificado dichoso, comienzan a pedírselo a los clientes que allí están, con la intención de cumplir la norma. Y los clientes, empiezan a circular, saliendo del local, porque, evidentemente no lo tienen encima.

Comienza la jornada de la tarde del sábado. La hora de comer, aunque la misma historia ha podido suceder a primera hora de la mañana en el desayuno. Llega el primer cliente y se le pide el certificado. "Lo tengo en el móvil". Y comienza a buscarlo, pero no aparece. "Pues lo tenía, pero no lo encuentro, pero estoy vacunado con las dos vacunas". "Sí, pero eso no me sirve, porque necesito verlo, que es lo que me pide la norma", es la respuesta del responsable del local de pedir los certificados. Y el cliente, da media vuelta, mientras sigue mirando en su móvil y se marcha por donde ha venido, porque no le han dejado entrar en el local.

Llega la siguiente pareja y la misma petición por parte del encargado. "Sí, aquí lo tengo". Y nuevamente vuelve a mirar en el móvil. Lo encuentra, lo muestra. "Bien y su DNI, para comprobar que es usted". Y ahora saca el DNI. Y por fin, después de 5 minutos, han podido acceder al local.

Tres amigos pretenden entrar a tomar una cerveza antes de irse a comer, cada uno a su casa. La misma petición por parte del encargado del local. Uno lo tiene y lo encuentra rápido. El segundo lo busca en el móvil y después de unos minutos, lo encuentra. Pero el tercero no lo lleva encima. Está vacunado, pero no puede demostrarlo, porque no lleva el certificado. Y ahora la duda del encargado: ¿les dejo entrar a los tres, o dejo a dos y el otro que se quede fuera, o qué hago? Pues que ellos decidan y entonces entran los tres para tomarse la cerveza, porque los otros dos aseguran y certifican que está vacunado su tercer amigo.

Y así uno tras otro. Unos se van, otros entran, otros no encuentran el certificado... Y al final del día, el encargado del local hace su balance. Cinco clientes se han marchado por no llevar el certificado. Otros tres o cuatro, clientes de todos los días, han entrado sin el certificado, pero como son conocidos de todos los días, si hoy no me lo enseñas, ya lo harás mañana. Y por supuesto, harto de tener que ejercer de policía, pidiendo a todos y cada uno de sus clientes el certificado. Como no tenía bastante con servir las mesas, atender lo mejor posible a sus clientes, ahora tiene además que controlar que lleven el certificado y que esté correctamente. Sin saber, por supuesto porque no tiene medios, si es válido o no ese certificado que le muestran.

Domingo 5 de diciembre. Un viento desagradable se ha levantado ya por la noche y por la mañana está bastante desagradable. Comienza la tarea y, entre los que se han marchado a pasar el puente fuera, los que han decidido no salir por no tener que presentar el certificado, o porque todavía no lo han obtenido, los que han pensado que el puente queda muy largo y salir todos los días no se lo pueden permitir económicamente... La cosa es que el local está vacío, cosa bastante extraña, porque siempre está a tope. El hostelero ve cómo sus previsiones para este fin de semana se vienen al traste. Se había preparado de bebida y comida suficiente para los 5 días y ahora se encuentra que no tiene clientes.

Los clientes que llegan siguen sin enterarse de que es necesario el certificado Covid, y eso que ha salido publicado en la prensa, que es la noticia del fin de semana. Y aún así sigue perdiendo clientes que se marchan por no tenerlo. Y empiezan las críticas de clientes y de hosteleros. Los clientes se quejan de que se lo pidan y no les dejen acceder si no lo tienen. "Hostelero, acuérdate de que no me dejaste entrar en tu local por no presentarte el certificado Covid, cuando las cosas te vayan mal", se puede leer en las redes sociales. Los hosteleros llevan dos días y ya están hasta el gorro y además viendo como sus clientes se marchan. Así que, vamos a ver hasta cuando se va a mantener esta situación.

Y toda esta situación me lleva a hacerme miles de preguntas: ¿En exteriores no es necesario, pero en terrazas exteriores que tienen paredes de lona y tejado, no sería necesario pedirlo igualmente? ¿Por qué no pedirle yo como cliente el certificado al camarero? ¿Y si tengo que entrar al servicio y no lo llevo encima? ¿No atenta contra los artículos de la Constitución ya que "viola" de alguna forma mi intimidad y mi vida privada? ¿No estamos marcando y estigmatizando a los no vacunados? ¿Dónde queda la libertad para vacunarme o no?...

Este es el primer capítulo de una serie que no va a terminar pronto, ya que, de momento, tenemos 14 días con esta historia. En breve, el segundo capítulo.

martes, 16 de noviembre de 2021

¿Nos estamos relajando?

Más que una pregunta, debería ser una afirmación. Y es que así lo estoy viviendo yo en estas últimas semanas. Los casos de COVID-19 han bajado, llegando a mínimos que no se habían tenido desde hacía muchos meses y eso ha provocado que la gente empiece a relajarse y confiarse en exceso. Ya en los últimos días van subiendo poco a poco (muy lentamente, pero subiendo) los casos. Si bien, todavía seguimos muy bajos e incluso, a día de hoy, en Melilla no hay ingresos en el hospital ni en cuidados intensivos.

Hace unos días entré en una tienda. Al hacerlo, me coloqué mi mascarilla, porque por la calle ya no es obligatoria, aunque en ciertos espacios y a ciertas horas, se hace necesaria. Cuando entro en la tienda, me encuentro al propietario de la tienda sin mascarilla y atendiendo a dos clientes, que tampoco llevaban mascarilla. Y allí estaba yo, como un idiota, con mi mascarilla puesta. Supongo yo que como hay un mostrador de por medio, ya no hace falta la mascarilla. Pero sin embargo, la normativa que está vigente dice que en los interiores es obligatoria la mascarilla en todo momento.

Pero lo mejor fue cuando, dos días más tarde, me dicen que soy tonto si sigo con la mascarilla puesta atendiendo a la gente, porque ya no es necesario. Ya estamos vacunados y por lo tanto ya no hace falta la mascarilla. Es una tontería llevarla. Y todavía me discute y me dice que es mentira lo de la mascarilla obligatoria. Y m empieza a poner ejemplos de gente que no la lleva mientras atiende al público. Lo único que tengo claro es que yo no pienso cargar con una multa absurda por no llevar la mascarilla en lugares que es obligatorio llevarla.

Y mientras escribo esto, empiezan a subir los casos, como decía al principio y ya verás que pronto volvemos para atrás. Será cuestión de semanas tener que volver a cerrar las barras de los bares. Será cuestión de meses que nos impidan volver a juntarnos más de 8 personas en una mesa. Y será cuestión de semanas que llegue la prohibición de juntarnos con nuestros familiares en Navidad para celebrar la cena de Nochebuena o la de Nochevieja. Casualidad que, ahora que empezábamos a tener la mano un poquito más abierta, llegan las fiestas de Navidad y volvemos a tener un aumento en los casos.

Todavía falta un poco más de un mes para Nochevieja y ya puedo augurar que estas navidades volveremos a tener restricciones como las del año pasado. Esperemos que no lleguemos a los extremos de las pasadas en las que no podíamos estar más de 10 personas cenando juntas.

sábado, 3 de abril de 2021

Una muerte agónica anunciada

Desde el Gobierno Central recomiendan que cuando se superen los 150 casos por 100.0000 habitantes, se cierren los interiores de los bares y restaurantes. Ahora el testigo lo tienen que recoger las Autonomías, que se niegan a ello la mayoría, salvo Navarra, que parece que lo van a llevar a cabo. ¿Por qué?

Pues es evidente que los economistas han dado la voz de alarma en las Comunidades Autónomas, y saben que cerrar implica ayudas y compensaciones económicas, que, por si alguien todavía no se ha enterado, está así marcado en la Constitución Española. Y a la larga más deuda, porque ya no llega (o por lo que vemos, llega para lo que ellos quieren, en muchos casos, gastos innecesarios, como por ejemplo: sillones de despachos, cintas de correr, marcos para cuadros...) Así que las Comunidades Autónomas buscan otras medidas y soluciones. Pero la cuestión sigue siendo oprimir a la hostelería un poquito más.

En Melilla revisan las medidas. Y no contentos con el horario de cierre a las 19:00h, ahora determinan que en el local sólo 5 mesas de 4 comensales cada una y 10 en el exterior. Para muchos locales supone la agonía y seguramente el cierre en cuestión de meses. Y es que, el que no tiene terraza se ve reducido a atender 5 mesas. Lo que implica reducción de personal que tendrán que enviar al paro, al ERTE o mantenerlos en condiciones agónicas. La reducción de mesas implica la reducción de comensales y por tanto la reducción de ingresos. Pero los gastos siguen siendo los mismos.

Alguno pensará, pues con esta medida, cierro y a esperar la mejora. Pero claro, este cierre no está abalado con la ayuda o compensación, porque la Administración te dice que ellos no te obligan a cerrar, que te dan posibilidad de mantener abierto con un mínimo. Así que están abocados a una muerte agónica y lenta.

Y es que, desde el principio de la pandemia los ataques hacia la hostelería han sido continuos. El cierre de la misma o la reducción del horario llevan a que la gente se monte sus fiestas. Aunque no me vendan alcohol a partir de las 19:00h, lo compro a las 18:30h y listo, la fiesta continúa.

Es en Madrid, que ha tenido una mayor flexibilidad con la hostelería y los horarios de cierre y se montan fiestas todos los fines de semana, ¿qué no será en otras Comunidades que han restringido y ahogado a la hostelería?

La fiesta en casa, está asegurada. Lo mismo que está asegurada la agonía y muerte de muchos locales hosteleros en Melilla. Ya han cerrado varios en marzo de 2020 y no han vuelto a abrir y otros están abriendo pero con una reducción de personal. Pero tranquilos, que en casa podemos seguir de fiesta tranquilamente que aquí nadie nos dirá nada y además no pueden entrar si alguien dice algo. Por cierto, el 85% de los casos se están dando, precisamente, en encuentros familiares y de amigos, en casas.

jueves, 25 de marzo de 2021

Hecha la ley, hecha la trampa

Llevo tres días yendo a por el pan a la misma hora de siempre, pero en estos tres días he observado que apenas me encuentro con gente por la calle. Sí, así es, apenas hay gente por la calle. El primer día pensé que se debía a que como no había colegios, entonces la gente no tenía que ir a recoger a los niños. Pero no, caí en la cuenta que aunque los colegios estuviesen abiertos y sin vacaciones, no era hora (13:15h) para que los niños saliesen del colegio, ya que lo hacen a las 14:00h.

El segundo día pensé que se debía a que mucha gente estaba de vacaciones y por lo tanto aprovecharían para ir a la playa y pasear por el paseo marítimo, ya que el buen tiempo que tenemos invita a eso. Pero claro, luego pensé que eso tampoco debía ser, porque lo normal es que la gente pasee por toda la ciudad y no sólo por una zona, en la que precisamente han obligado a llevar la mascarilla puesta porque hay mucha gente y es difícil no cruzarse con nadie. Y yo prefiero salir a pasear por zonas donde me encuentro con poca gente porque así no tengo que llevar la mascarilla continuamente.

Así que el tercer día empecé a darle vueltas y caí en la cuenta que los números no me podían engañar. 500 personas habían salido en los barcos y aviones durante el fin de semana. Y otras 3000 tenían programado el viaje para estos días, así que me di cuenta que la ciudad estaba vaciándose porque la gente estaba viajando. Viajando ¿a dónde? Porque se supone que las Comunidades Autónomas están cerradas e incluso Andalucía ha cerrado las provincias. Pues eso, que es lo mismo, que la gente sigue saliendo.

Por lo tanto me pregunto: ¿para qué se siguen tomando estas medidas tan destructivas desde los gobiernos autonómicos, si la gente se va a buscar la vida para incumplirlas? Y si los casos aumentan y suben sin cambiar las medidas, ¿no será mejor que la gente aprenda a vivir con esta pandemia y recomendar una serie de acciones para que la gente las cumpla? Es decir, y una vez más lo repito, tenemos que aprender a vivir con la pandemia y cada uno tiene que saber y poner las medidas necesarias para no contagiar y no contagiarse. Creo que tanta normativa hace que la gente quiera saltársela. Está demostrado, cuanto más aprietas, más se busca la forma de esquivarla. Hecha la ley, hecha la trampa.

Señores políticos, dejen ya de tanta leyes y tantas medidas y empiecen a enseñarnos, y para eso creo que los médicos pueden hacerlo mejor, a vivir con la pandemia. Dejen de gastarse dinero en tonterías y empiecen a hacerlo en cosas de provecho. No quiero decir que tengamos que salir a las calles y disfrutar de las procesiones. No. Pero quizás dejarnos hacer un poquito más en nuestra vida y la gente ya verás como toma precauciones sin que se las exijan.

miércoles, 24 de marzo de 2021

El chiste de la semana

Ya ha pasado más de un año desde que el gobierno cerró las fronteras españolas y a los españoles en sus casas. Un año de aquella fecha histórica, 14 de marzo de 2020. Un año viviendo y conviviendo con la pandemia, que ahora sube, ahora baja y aquí nadie sabe qué hacer, porque hoy tenemos unas normas y mañana otras. Y en estas estamos, ante unas contradicciones que, yo creo, que ni los mismos políticos, que son los que nos ponen las normas, se aclaran.

Y mira tú por donde. Estamos en las vísperas de las vacaciones de Semana Santa, esas que a este paso, en pocos años pasarán de ser unas vacaciones por unas fiestas religiosas a ser unas vacaciones porque necesitamos descansar. De hecho, en Melilla las vacaciones de Semana Santa empezaron ya el viernes 19, cuando la mayoría de los colegios se quedaron vacíos, porque los alumnos no fueron a clase y comenzaron a salir aviones y barcos cargados de melillenses que iban a aprovechar estos días de vacaciones para ir de médicos.

Sí, sí, así son las cosas. Resulta que llevamos ya desde finales de enero (27 de enero), para viajar fuera de Melilla hace falta un certificado en el que justifiques tu salida. Entiendo que aquellas personas que están en Melilla por cuestiones de trabajo y tienen a su familia fuera, puedan moverse sin problema. Entiendo que aquellos que tienen que ir al médico porque aquí no existen especialistas, tengan que hacerlo y volver al día siguiente o a los dos días, como mucho. Pero lo que no entiendo es que todas las semanas van y vienen los barcos del fin de semana completos, porque la gente sigue viajando con sus "certificados". Y claro, de momento no han estado pidiendo nada a la vuelta, con lo que la gente utiliza sus artimañas.

Artimañas que consisten en: solicitar desde Melilla una consulta con un médico privado en la ciudad que se quiere visitar: Málaga, Granada, Sevilla, Madrid... Una vez allí, cancelar la cita médica y aprovechar para visitar el "hospital Ikea", o "la clínica Carrefour", que desgraciadamente no existen en Melilla. Regresar a Melilla sin necesidad de presentar un justificante de la asistencia a la cita y listo, se acabó el problema. ¡Ah no! que ahora el problema es que tenemos 500 casos positivos de COVID-19 en Melilla.

A sí es. El día 14 de marzo de 2020 nos cerraron a todos en casa porque la pandemia había llegado y nos estaba matando indiscriminadamente. Así estuvimos tres meses y ya por fin pudimos salir. Durante esa primera oleada, en Melilla llegamos a los 200 casos, escasamente, en tres meses. Sí, poco más y fallecidos, unos 20 como mucho. Los datos están por ahí, que incluso hay gente que se ha dedicado a  hacer gráficos de la evolución de la pandemia diariamente. Pero estuvimos encerrados y no podíamos salir de casa porque el peligro estaba fuera. Parecía Walking Dead, donde era mejor estar escondido. Hasta para ir a por el pan ibas con miedo.

Y resulta que ahora, en la ¿tercera? ¿cuarta? ¿séptima? ola, tenemos más de 500 casos, muertes en el mes de marzo ya son 5 ó 6 y ahora estamos saliendo a la calle sin problema, vamos a trabajar, no hace falta que nos encerremos en casa, incluso positivos que van al supermercado, y por supuesto, viajamos con justificante... Ahora no hace falta confinarnos y encerrarnos. ¿Usted lo entiende? Yo no.

Y ahora viene el chiste. Ya voy para dos años sin poder ir a visitar a mi madre que vive en San Sebastián. Y de momento seguiré sin poder ir, porque no puedo salir de mi comunidad y entrar en otras. Pero ya he encontrado la solución. Viajo con un justificante médico de Melilla a Madrid, porque solicito una cita a un especialista privado en esta ciudad. Y allí cojo un avión que me lleve a Burdeos, por ejemplo, o incluso a París. Viajo con mi PCR negativo, por supuesto. Y una vez allí, puedo viajar por carretera a San Sebastián, porque no tendré problemas para cruzar la frontera o vuelo hasta Bilbao o Fuenterrabía y listo, ya estoy en San Sebastián sin ningún problema. Y es que este es el chiste. Si soy español no puedo viajar de una ciudad a otra fuera de la Comunidad Autónoma, pero si soy extranjero puedo viajar a la ciudad que yo quiera. ¡Claro, es para fomentar el turismo! Pues me parece injusto. No, creo que injusto no es el término, me parece incongruente y por supuesto, me parece de cachondeo.

Fíjate si parece cachondeo, que hasta en Bruselas, desde el gobierno de la Unión Europea, le han dicho al gobierno de España que esto suena un poco a contradicción y que reconsideren las medidas que se están tomando. Y claro, es que uno cuando viaja desde el extranjero no contagia, ni se contagia. Pero cuando viaja de una Comunidad Autónoma a otra, tiene todas las papeletas de pillar lo que no quiere. Y es que una vez más demostramos que vivimos una pandemia selectiva.

Menos mal que el gobierno de Melilla ha reaccionado. Tarde, pero parece que ha reaccionado. El fin de semana del 19 al 21 de marzo, empezaron a solicitar un justificante de la asistencia a la cita médica que habían solicitado. Y 25 multas que han plantado. Pero de qué, si no las van a pagar, porque las recurrirán y dirán que se les olvidó pedirlo, o que es ilegal lo que están haciendo de prohibir viajar por España a un español. Y si la sentencia es favorable por este segundo caso, fijo que este verano, me ven recorriendo España para poder ir a visitar a mi madre.

domingo, 7 de febrero de 2021

Las medidas de los "expertos"

Todavía no sé cuáles son los criterios para cerrar o no cerrar la hostelería. Me explico. En octubre, cuando los casos de coronavirus empezaban a aumentar en Melilla, y teníamos menos de 500 casos, el gobierno de la ciudad decidió, sí o sí, cerrar la hostelería. No hubo vuelta de hoja. Lo curioso es que, con la hostelería cerrada, los casos aumentaban, llegando casi a los 1000. La hostelería cerrada durante 44 días porque el equipo de "técnicos y expertos" del Ayuntamiento así lo decidieron y hasta que no presentasen un informe favorable, seguiría cerrada. El famoso "informe", nunca se ha hecho público, lo que me hace dudar de la existencia de expertos y de la necesidad de cerrar la hostelería para frenar el avante del virus.

El ayuntamiento prometió ayudas y que se tramitarían en 72 horas. Pues hoy, estando en febrero, estas ayudas no han llegado, ni se han publicado, ni se esperan ya. Claro, no especificaron 72 horas de qué mes ni de qué año.

En esos 44 días, los hosteleros se manifestaron en varias ocasiones. La respuesta era siempre la misma: "Ya se han destinado ayudas". Sí, es verdad, se ha publicado la concesión, pero no se han dado ni concedido y los números aumentaban sin parar. Solo los bares y restaurantes cerraban y la gente se agolpaba en supermercados y tiendas preparando la navidad.

A principios de diciembre, los números de casos había empezado a bajar, con lo que volvieron a dejar abrir los barres. Ojo, sin publicar o conocer el "informe" de los expertos. Eso sí, la navidad estaba cerca y por lo tanto había que empezar a dejar que se moviese la economía un poquito.

Pero así la navidad y los casos comenzaron a subir. El gobierno decidió modificar las restricciones. Cerrar a las 19:00h. Mesas de 4 personas. Las barras sin servicio. Algunas normas estuvieron durante navidad, pero otras se modificaron. Por lo menos se podía mantener abiertos, aunque con muchas restricciones. Los casos aumentaron durante todo el mes de enero, llegando en febrero a los 1000 casos bien largos. Y sin embargo los "expertos" no obligaron a cerrar los bares y restaurantes. Por su parte decidieron cerrar a las 19:00h todas las tiendas, incluidos supermercados. Y llegaron incluso a cerrar los centros de culto: mezquitas los viernes, sinagogas los sábados e iglesias los domingos. Una nueva medida muy polémica, porque desde la iglesia católica ya se tomaban medidas bienes estrictas de higiene y aforo. Pero los bares y restaurantes, los grandes contagiadores hasta diciembre, se les permitió mantenerse abiertos con más restricciones.

Todo esto me lleva a pensar que las medidas y la decisión de que la hostelería contagia en exceso, es una decisión más económica que otra cosa. Es decir, si cerramos hay que dar ayudas y no hay dinero para tanta ayuda, así que vamos a dejarles un hueco y así nos evitamos las ayudas. El dinero no da para más y por eso se han necesario plantear la crisis sanitaria de otras formas. La crisis sanitaria se ha convertido en crisis económica. Si es muy fácil, vamos a eliminar gastos innecesarios: numerosas consejerías, numerosos consejeros, asesores, directores..., coches oficiales, cargos políticos, viajes innecesarios (¿a qué vino Ábalos a Melilla el viernes 5 de febrero? Ni él mismo lo supo) y ya verás como el dinero se puede estirar para otras cosas más necesarias: médicos y enfermeras, medidas de higiene, mascarillas, atención primaria, EPIs...

Se hace necesario y urgente el golpe de los españoles encima de la mesa y decir: ¡¡BASTA YA!!

lunes, 1 de febrero de 2021

Ahora te contagias en la iglesia

El martes se publicaron nuevas restricciones en la Ciudad de Melilla. Entre ellas se encuentran el cierre de todos los establecimientos comerciales, incluidos los de alimentación, a las 19:00h. Sólo se mantienen abiertos hasta las 21:00h los centros sanitarios, farmacias y las gasolineras, mientras sea para repostar, nada de vender en las tiendas. Y todo esto porque los casos positivos se han disparado.

Y ahora viene lo mejor. Los viernes, los musulmanes no pueden ir a rezar a la mezquita. El sábado los hebreos no pueden ir a la sinagoga y los domingos no pueden ir los cristianos a la eucaristía. ¡Felicidades y enhorabuena a los premiados! Y es que ahora resulta que uno se contagia en la iglesia. Y además indican que esta norma está consensuada con las autoridades religiosas de la Ciudad.

Pues bien, cuando leí esta norma, le dije a mi mujer: esto atenta contra uno de nuestros derechos fundamentales y contra la Constitución. Esto es anticonsticional y me extraña que por aquí hallan tragado los dirigentes religiosos de la Ciudad. Sí, esto atenta contra el artículo 16 de la Constitución Española. Pero me da la sensación que este documento aprobado y firmado en 1978, ya está desfasado, superado y por supuesto, guardado en un cajón para que no se vea y se utilice. Se la están saltando por completo.

Bueno, como catequista que soy, me pongo en contacto con mi párroco. Para empezar me dice que el vicario de la Ciudad va a emitir una declaración pública sobre el tema. En segundo lugar que las catequesis presenciales quedan anuladas hasta nueva orden, algo que me afecta porque mis catequesis son las 20:00h. Y que se va a estudiar cómo se puede hacer lo de las eucaristías del fin de semana.

Al día siguiente, miércoles, no se hace esperar mucho la historia. El vicario señala que ha enviado una carta al presidente de la Ciudad, indicándole que no está de acuerdo con las medidas, que con él nadie ha consensuado nada, ya que nadie le había informado de las medidas y por supuesto, que esto atenta contra una de las libertades reconocidas en la Constitución, que es la de libre culto religioso. Así que espera una respuesta antes del domingo para poder solucionar el tema. Respuesta que, según mi conocimiento, todavía no ha llegado.

Como la respuesta no llega, desde el Consejo parroquial de nuestra parroquia mandamos un comunicado indicando que se van a ampliar las eucaristías del sábado por la tarde (18:30 y 19:30) y que el aforo de nuestra parroquia queda reducido a 55 personas. Por su parte el vicario amplia también las eucaristías en su parroquia el sábado por la tarde y, como las restricciones comienzan a las 8:00h del domingo, señala una eucaristía a las 7:00h del domingo, para que a las 8:00h en punto, las puertas de la iglesia queden cerradas.

El sábado por la noche, tenemos que pedir perdón públicamente en nuestra parroquia, porque muchos fieles se han quedado sin poder participar en las eucaristías del sábado por la tarde, ya que el aforo estaban completos. Lo sentimos mucho, pero es que era imposible y esperamos que se solucione el tema a lo largo de esta semana.

Pues bien, como me queda patente que los que han señalado estas normas no participan en la eucaristía dominical, ni diaria, les voy a decir cómo son las restricciones y las medidas que se toman en las parroquias diariamente, y más los domingos.

En primer lugar el aforo está marcado con carteles, tanto a la entrada de la parroquia como en los bancos. En cada banco largo (3 metros aproximadamente) se colocan dos personas, una en cada esquina y en el de atrás se coloca en medio. Es decir 2 en uno, 1 en el siguiente, 2 en el siguiente y así hasta completar. En segundo lugar gel hidroalcohólico a la entrada y antes de comulgar. Constantemente el sacerdote se está echando gel. La gente dentro de la iglesia con la mascarilla constantemente. Los micrófonos con una cubierta de plástico y el que lee con la mascarilla puesta. El momento de la paz se hace con una inclinación de unos hacia los otros, nadie se da la mano ni se besa, ni se abraza. La comunión normalmente es el sacerdote el que se acerca a los fieles para darles la comunión y nadie se mueve por los pasillos ni por la iglesia, salvo para entrar y salir. No se dice nada cuando se recibe la comunión. A la salida se insiste que la gente no se quede hablando ni se hagan corrillos. De manera que salgan poco a poco y se marchen sin quedarse en la puerta. ¿Más medidas? ¿Creen que aquí se contagian las personas? Pero si posiblemente hay más seguridad que en los despachos donde trabajan los señores que han decretado estas normas. Bueno, es posible que allí tengan más, porque como trabajan desde sus casas o directamente no trabajan.

Y ¿de dónde viene el tomar estas medidas? Pues resulta que estas medidas es necesario tomarlas porque el aumento de casos se deben, según parece ser y así lo manifestaron por las redes sociales, de un "bautizo" que celebraron los hebreos durante la navidad y de la famosa boda musulmana del "enchufado" de la Consejera de Hacienda. Como aquí se dieron muchos contagiosos, según ellos, ahora hay que poner más medidas contra los cultos para que se eviten los contagios. Ya lo he dicho, creo que estos señores no van a la iglesia católica y por eso no ven lo que se hace y las medidas que se toman. Porque si lo hiciesen, no tomarían estas medidas, por lo menos contra la iglesia católica.

Y ahora viene lo mejor. Se toman estas medidas y empiezan a salir a las redes sociales los entendidos y sabios de la Ciudad. "Que están muy bien tomadas", que "recen en casa", "que se dejen de tanto adorar muñecos y cosas raras y que se encierren en casa, que es donde tienen que estar", "que los curas son pedastras y se aprovechan enriqueciéndose de los fieles"... y melonadas a cada cual más tonta y más absurda. A ver, que ya sabemos que estamos en contra de la religión, que hay que eliminar el cristianismo de nuestra sociedad y de nuestra cultura, porque lo que nos ha traído es miseria y analfabetismo... Que sí, que es verdad y todo lo que ellos quieran. Que la religión seguirá siendo el opio del pueblo por siglos y siglos. Pero a ver cuando se dan cuenta que los que se están riendo de todos ellos son los políticos que tenemos, que les meten unas ideas absurdas y preconcebidas sobre la religión y que consiste en destruir lo que durante siglos ha dado sentido a nuestra sociedad actual. Ahora, que no les tenga que ver en la cola de Cáritas a ninguno de ellos, porque soy el primero que se lo va a echar en cara.

Y mientras las iglesias están cerradas, la gente se dedica a seguir juntándose en las casas, en la calle e incluso en los supermercados, porque hay que seguir comprando para comer. Y ahí no hay problema con las distancias, ni con los geles, ni con absolutamente nada. Ahí cada uno puede ir tranquilo que el bicho, que es muy sabio e inteligente, ahí no contagia.

Melilla, la única ciudad de España, el único territorio de España, en el que no se puede ir a misa el domingo. ¡A dónde vamos a llegar!

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