jueves, 14 de abril de 2022

Jueves Santo: Día del Amor fraterno

Hoy comenzamos lo que llamamos el Triduo Pascual. Los tres últimos días de la vida pública de Jesús. Viviremos en estos días sus últimas horas de vida y su sufrimiento y dolor. Después de analizar estos días las causas que le llevaron a la cruz y que precipitaron su final, hoy vamos a comenzar a vivir, con Jesús y sus discípulos, las últimas horas.

Preparación de la cena de Pascua

Hacia el 14 del mes de Nisán (que corresponde a marzo-abril de nuestro calendario), se celebraba la fiesta de Pascua. Aquella que recordaba la salida de Egipto por parte del pueblo de Israel. Liberación encabezada por Moisés y que les conduciría, durante 40 años, por el desierto en dirección a la tierra prometida. Y la fiesta comenzaba con la cena pascual (Mc 14, 22-26; Mt 26, 26-30; Lc 22, 14-20; 1Cor 11, 23-26). Es posible que Jesús adelantara esta cena a la víspera de la pascua judía. Sin embargo, los preparativos que había que realizar eran claves y por supuesto, no podría faltar el cordero pascual (Mc 14, 13-15).

Jesús envía también a sus discípulos a preparar lo necesario. La sala donde reunirse, lo que debían comprar para preparar la cena… Seguramente que uno de los que marcharon a preparar todo fue Judas, ya que él era el encargado de la bolsa del dinero, lo que hoy llamaríamos el ecónomo. Posiblemente Judas aprovechó para acercarse a los sacerdotes y decirles que él podría entregarles a Jesús. El precio acordado fueron 30 monedas de plata. Ya estaba todo apalabrado e incluso con la clave con la que Judas se acercaría a Jesús y determinaría que ese era al que debían apresar. Esto nos hace sospechar que, o bien al ser de noche ellos no le reconocerían y para no equivocarse y apresar a otro, Judas les daría la clave o bien, no conocían a Jesús y por lo tanto necesitaban que alguien les dijese quién era Jesús.

La cena está preparada y allí se reúne Jesús con sus discípulos. Algo que no nos señalan los evangelios es la presencia de las mujeres y niños que acompañaban a Jesús, que posiblemente, también estaban allí, porque la cena de Pascua era, ante todo, una cena familiar.

El lavatorio

Jesús va a romper el esquema de la cena pascual en varias ocasiones. La primera de ella va a producirse con el lavatorio de los pies. Este hecho es contado por san Juan exclusivamente (Jn 13, 1-15).

Mientras cenaban Jesús se levanta, se despoja de su manto y cogiendo la toalla se la puso a la cintura. Este trabajo estaba destinado a los sirvientes y criados, lo que nos está diciendo que Jesús se pone a servir como servidor a sus propios discípulos. Momentos antes habían estado discutiendo de quién sería el mayor, y ahora Jesús les expresaba y les mostraba que el mayor es el que está al servicio de los demás. Algo que, en nuestra cabeza de hombres no entra. Es evidente que Jesús quiere revelar el valor de la humildad, del servicio. Una lección que ya les había dado muchas veces, pero que no acababan de entender.

Algunos de ellos se resisten, pero destaca la resistencia de Pedro. No me lavarás los pies jamás (Jn 13, 8), es la respuesta de Pedro. Una negativa muy tajante. Pero la respuesta de Jesús ablanda hasta al más duro. Si no te lavo, no tendrás parte conmigo (Jn 13, 8). Ahora Pedro se da cuenta que Jesús está dispuesto a rechazarlo como amigo. Jesús lo conoce demasiado bien y saben que, para convencerle, tiene que esgrimir el argumento más profundo al que se puede llegar: O conmigo o contra mí. Pedro no puede soportar estar alejado de Jesús y le replica: No solo los pies, sino también las manos y la cabeza (Jn 13, 9). Cuando llegue el momento entenderá el gesto de amor que Jesús está realizando, pero ahora solo comprende el amor desde el punto de vista humano.

Una vez terminado el gesto del lavatorio, Jesús vuelve a ponerse el manto y vuelve a sentarse a la mesa. Y trata de explicarles el gesto que acaba de realizar. Vosotros estábais pendientes de quién era mayor, de quién se tiene que sentar más cerca de mí en la mesa, pero lo importante no es eso, lo importante es servir a los hermanos, porque, cuando más se sirve (se da), más se obtiene (se gana) (Mt 20, 25-28). Parece un juego de palabras, pero esa es la realidad y eso será lo que ocurrirá esa misma noche.

La institución de la Eucaristía

La cena continúa. En ella se van mezclando las lecturas del Antiguo Testamento, los salmos y cánticos, las explicaciones de Jesús, los juegos con los niños buscando el pan ácimo… Es una verdadera maravilla poder celebrar y disfrutar de esa cena judía.

Y en uno de los momentos de esta cena, Jesús vuelve a cambiar o a introducir su novedad. Ahora va a tomar un trozo de pan, da gracias a Dios por él y lo parte y reparte entre sus amigos. Y mientras lo hace les va diciendo: Tomad y comed, este es mi cuerpo (Mc 14, 22). Y ellos comen el pan. Poco más tarde, tomó la copa con el vino, le dio gracia a Dios por él y lo pasó a sus discípulos diciendo: Tomad y bebed, esta es mi sangre que será derramada por muchos (Mc 14, 24). Y ellos beben de la copa. Y completa su mensaje diciendo: Haced esto en memoria mía (Lc 22, 21; 1Cor 11, 24).

Los discípulos no supieron lo que se estaba viviendo en ese momento. No se enteraron de que allí estaba instituyéndose la Eucaristía, ni de lo que significaban aquellas palabras. Se darán cuenta más tarde, cuando Jesús resucitado se les aparece y repite el gesto. Entonces se dan cuenta de lo que aquello significaba, como les pasó a los discípulos camino de Emaús.

En aquella cena, la Última Cena, Jesús vive el momento culminante de su experiencia en la tierra: la máxima entrega en el amor al Padre y a los hombres, expresada en su sacrificio.

Oración en el huerto

Terminada la cena, con la alegría metida en el cuerpo porque están celebrando la pascua, la liberación de Egipto, y sin entender muchas de las cosas que han sucedido durante la cena (el lavatorio, la salida de Judas de la cena, el pan y el vino repartidos, el discurso de despedida de Jesús…), salen a Getsemaní (Mt 26, 36). Pero lo que menos quieren ellos ahora es ponerse a rezar. Tienen dos opciones, que continúe la fiesta o bien que se acabe y marchen a dormir, porque el vino de la fiesta está haciendo sus efectos (Lc 22, 45).

Jesús les pide que se queden esperándole allí, entre los olivos, porque él quiere estar a solas. Necesita encontrarse y disponerse a lo que va a suceder. Pero ellos, entre el cansancio y el vino, quedan dormidos. Jesús así los encuentra y les llama la atención. No podéis velar, con lo que yo estoy pasando y vosotros durmiendo (Mt 26, 40). Vuelve a apartarse a orar y cuando vuelve, otra vez dormidos. Y una vez más les llama la atención. Y como dice el refrán no hay dos sin tres. Pero en la tercera vez, Jesús les dice que ya pueden descansar, porque los que vienen a por él, ya están aquí (Mt 26, 46).

Judas encabeza la comitiva que le va a prender. Se le acerca y, con un beso, lo traiciona (Mt 26, 49). Los que le acompañan lo agarran y apresan. A los discípulos se les quita el sueño y los efectos del vino de golpe. Salen corriendo a esconderse. Pero Pedro, una vez más Pedro, el valiente, saca su espada y corta la oreja de uno de los que vienen a buscar a Jesús. La reacción de Jesús vuelve a sorprendernos, Pedro, guarda tu espada (Jn 18, 11). Entonces es cuando Pedro huye, porque ha visto que Jesús no hace nada por defenderse, sino al contrario, le reprocha que se defienda.

Todo a terminado para Jesús y ahora comienza su calvario. En su oración ante el Padre en el huerto ha pedido que se haga tu voluntad, no la mía, pero si quieres, pasa de mí esta copa (Lc 22, 42). Acepta su destino, porque sabe que es la voluntad de Dios y para lo que se ha preparado durante todo este tiempo, pero le gustaría que no acabase todo aquí.

La alegría y felicidad con la que comenzaba el jueves, se ve truncado por la tristeza, desilusión y soledad del final del día.

Artículo publicado en El Faro de Melilla

miércoles, 13 de abril de 2022

Miércoles Santo: Su coherencia de vida le condena

El enfrentamiento de Jesús con los poderes políticos y religiosos fue una constante a lo largo de su vida pública. Hay que señalar que tampoco fue una cosa que Jesús quisiese o que buscase directamente, pero su estilo de vida y su forma de actuar, le llevaba precisamente a este enfrentamiento continuo, porque les confrontaba directamente con su forma de vivir.

El vaso se fue llenando a lo largo de esos tres años, las curaciones, el perdón de los pecados, las indirectas muy directas, los actos que Jesús hacía y que chocaban con ellos. Incluso, en más de una ocasión les había dicho a sus discípulos y seguidores: Haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen (Mt 23, 3), expresando así que la teoría la dominaban muy bien, pero en la práctica no cumplían con lo que predicaban.

Pero quizás fueron dos hechos los que colmaron este vaso, las dos gotas definitivas que llevaron a Jesús directo a la cruz: la resurrección de su amigo Lázaro y la expulsión de los mercadores del Templo. Ambos hechos supusieron un hasta aquí hemos llegado, por parte de los fariseos, escribas y como no, sacerdotes del Templo

Lázaro, María y Marta eran tres hermanos que vivían en Betania. En su casa Jesús se hospedaba cuando subía a Jerusalén (Jn 12, 1). Lázaro había muerto (Jn 11, 38-54) y cuando Jesús se enteró, lloró, expresó así su dolor por la muerte del amigo. Sin embargo, su dolor no queda ahí. Jesús lo resucita después de que llevaba ya varios días (cuatro nos dice el texto) enterrado. Cuando realiza este milagro, allí había muchos judíos que habían venido a consolar a sus hermanas Marta y María. Las autoridades religiosas del pueblo se reúnen en el Sanedrín y se preguntan, ¿qué vamos a hacer con este hombre? Porque hace muchos milagros y la gente le sigue. Si no ponemos fin a esto, los romanos vendrán y nos quitarán nuestra nación (Jn 11, 47-48). Así que la resurrección de Lázaro es un duro golpe para los fariseos, los saduceos (que no creían en la resurrección) y los sacerdotes. Caifás, que era del grupo de los saduceos, es el que plantea que este profeta-maestro tiene que morir, porque es mejor que muera uno solo por el pueblo y no toda la nación sea destruida (Jn 11, 49-50).

Pero Caifás, cuando plantea esta cuestión, no lo hace como una idea suya, sino que lo hace como sumo sacerdote y por lo tanto lo pronuncia como una profecía de Dios. En realidad, lo que propone es dar muerte a Jesús para impedir que siga debilitando la autoridad y la influencia que él (y con él todos los sacerdotes, saduceos y fariseos) tiene como líder religioso.

Lázaro se había negado, por su parte, a no difundir la noticia de que había sido resucitado por Jesús (Jn 12, 9). Lo proclamaba a los cuatro vientos y no se escondía de ello. Esto hace también que él esté sentenciado (Jn 12, 10).

Por si fuera poco, Jesús ha subido a Jerusalén y va a realizar la acción pública más grave de su vida. Se va a enfrentar directamente con el Templo con un gesto muy provocativo (Mc 11, 15-19; Mt 21, 12; Lc 19, 45). Llega al Templo y entra en el patio de los gentiles, donde se llevaban a cabo diversas acciones necesarias para el culto. Allí se cambiaban las monedas del Imperio, que no eran gratas para el sacrificio judío por monedas que eran aceptadas por el Templo (shekel). Allí se vendían las palomas, las tórtolas y todos los animales necesarios para los sacrificios, porque los que subían a Jerusalén preferían comprarlos allí, que tener que cargar desde sus casas, arriesgándose a perderlos por el camino o incluso que llegasen heridos y por lo tanto ya no podían ser aceptados para el culto.

Jesús comienza a tirar por tierra los puestos de los cambistas, las monedas rodaban por el suelo, los animales corrían de un lado para otro en desbandada. Aquello debió irritar y molestar definitivamente a los sacerdotes y recordaron aquellas palabras expresadas por Caifás. Al fin tenían que llevarse a cabo, porque esto ya era demasiado. Jesús había bloqueado y se había enfrentado al buen funcionamiento del Templo, por lo que este gesto tendría consecuencias imprevisibles.

Ha atacado el poder de los sacerdotes con la resurrección de su amigo Lázaro y se además ha atacado el corazón del pueblo judío, el Templo, así que su presencia se hace ya intolerable y molesta. Y, por si fuera poco, en alguna ocasión había mencionado que destruyesen aquel templo que Él, en tres días, lo reconstruiría (Mt 26, 61; Mc 14, 58).

Aquella Pascua del año 30 (aproximadamente) iba a estar marcada definitivamente para Jesús. Iba a suponer su fin. La fecha era también la más apropiada, ya que miles de peregrinos subían a Jerusalén para celebrar la Pascua, desde todas las partes de Israel e incluso de muchos otros lugares del mundo conocido. Sabe que subirá a Jerusalén, pero también sabe que ya no volverá. Todo su mensaje y predicación va a llegar a su fin. Pero no un fin que implica el final de toda su enseñanza y de toda su predicación, sino que aquí empezará algo nuevo.

Por parte de las autoridades religiosas todo estaba visto para sentencia. Tan sólo les quedaba un último detalle, ¿cómo conseguirían arrestarlo? Y para eso necesitaban la colaboración de alguien que lo traicionara: Judas.


Artículo publicado en El Faro de Melilla

martes, 12 de abril de 2022

Martes Santo: Jesús se enfrenta al poder religioso

¿Qué tuvo que suceder para que el ‘profeta’, el ‘maestro’, el que se sentaba en la sinagoga a enseñar, fuese condenado y sentenciado por los líderes religiosos del pueblo?

Jesús, desde muy pronto, entró en conflicto con los fariseos, saduceos. Ellos eran el brazo fuerte de la línea religiosa del pueblo de Israel.

Los fariseos eran un grupo formado por letrados, muy familiarizados con la llamada Ley de Moisés y además eran muy estrictos y rigurosos en el cumplimiento de la misma. Probablemente influían mucho en la vida de la gente con sus sentencias y sus exigencias. Israel era el pueblo elegido por Dios y por lo tanto debían esforzarse en cumplir las normas prescritas en la Ley. De esta forma se diferenciarían del resto de pueblos de la tierra. Sus desvelos se centraban en las prescripciones más comunes: el sábado, el pago de los diezmos al templo o la pureza en los ritos. Tal era su celo que les llevaba a exigir al pueblo normas marcadas exclusivamente para los sacerdotes.

Los saduceos eran una minoría aristocrática que desarrollaba su vida en torno al templo de Jerusalén. No les preocupaba la vida fuera de las murallas de Jerusalén, centrándose en ella como la ciudad en la que se encontraba la “casa de Dios”. Tenían sus propias tradiciones, en ocasión distintas a las de los fariseos y eran un grupo vinculado al poder, que colaboraba con las autoridades romanas para mantener su estatus. No les interesaba la doctrina de la resurrección, porque no creían en la ‘otra vida’. Lo importante era vivir esta.

El enfrentamiento de Jesús con los fariseos y saduceos queda reflejado en numerosos pasajes de los evangelios. Ellos iban a buscar a Jesús con sus preguntas y él les echaba en cara toda su falsedad e hipocresía. La mutua hostilidad fue en aumento a medida que Jesús progresaba en su enseñanza y subía hacia Jerusalén.

Era evidente que no podían ignorar a un hombre que hablaba con tanta pasión de la voluntad de Dios y de su reino. Muchos de ellos le escuchaban con agrado e incluso se hicieron discípulos suyos (Nicodemo, José de Arimatea…). Sin embargo, Jesús los desconcierta ya que no vive la ley como ellos proponen. Jesús no se preocupa de los aspectos rituales del lavado de manos, o incluso de las leyes sobre el sábado. Y otro aspecto que también les va a irritar será cuando habla en nombre de Dios directamente, cuando se apropia de la autoridad de Dios y llega a perdonar los pecados, algo relegado exclusivamente a Dios. Jesús asombraba con su forma de enseñar, con su autoridad (Mc 1, 22).

Mientras ellos se esfuerzan por interpretar, explicar y actualizar la Ley de Dios y las tradiciones, Jesús insiste en comunicar su propia experiencia de un Dios Padre. Lo importante no es observar la ley sin más, sino escuchar la llamada de Dios. Dios ha irrumpido en la vida del hombre y no hay vuelta atrás, porque lo que busca es una vida más humana y menos legal.

Jesús se va ganando poco a poco el rechazo de los fariseos y saduceos. Es un transgresor de la ley y además no se esconde a la hora de acoger a los pecadores, a los que están fuera de la ley, incluso con mujeres y niños se le ha visto. Todo esto resulta ofensivo para ellos que no les queda otra solución que tratar de deshacerse de aquella persona tan indigna.

Hasta donde llegaría su odio por Jesús que en el evangelio se nos habla de la unión entre fariseos y herodianos, eternos enemigos, para poder acabar con la influencia de Jesús en el pueblo. Si bien, la muerte de Jesús no se va gestando en sus enfrentamientos con los fariseos, sino más bien en la aristocracia de Jerusalén.

La aristocracia de Jerusalén estaba formada por una minoría de ricos e importantes del pueblo. Muchos de ellos eran sacerdotes. Poseían grandes riquezas, mansiones y propiedades que iban adquiriendo con distintos engaños y presiones. Vivían de los diezmos, las tasas, las donaciones que llegaban al templo. Era un sector muy corrupto.

El Sumo Sacerdote, en tiempos de Jesús, tenía poder de gobierno en Jerusalén y en Judea. Gozaba de plena autonomía en las cuestiones del templo: sacrificios, diezmos, el tesoro… Contaba con su propia policía que mantenía el orden dentro del recinto del templo. Además, intervenía en los litigios y en los asuntos de los habitantes de Judea, aplicando la ley y tradición de Israel

Tal era su poder que no se centraban exclusivamente en autoridad religiosa, sino que también ejercían poder político en colaboración con el precepto romano, que además era quien lo cesaba y designaba.

Aquel poder de Jesús de, no solo curar sino perdonar los pecados, era para ellos un gran desafío, porque la creencia que existía era que la enfermedad era producida por el pecado. Y ese derecho de eliminar el pecado sólo estaba otorgado a Dios. Y, por otra parte, Jesús lo hacía sin pertenecer al linaje sacerdotal, otro de los requisitos prescritos en la ley.

Así pues, las disputas o el rechazo por parte de las autoridades religiosas, fue quizás el origen de la condena de Jesús. Hemos de recordar que, una vez apresado Jesús, lo primero que se le hace es llevarlo al Sumo Sacerdote para que este realizase el juicio religioso sobre él. Y posteriormente es llevado ante Pilato, porque ellos no podían condenar a muerte a nadie, ya que eso les correspondía a los poderes políticos de Roma.


Para nuestra exposición hemos utilizado las ideas del libro de Pagola, J.A. (2007). ‘Jesús. Aproximación histórica’. Editorial PPC.

Artículo publicado en El Faro de Melilla

lunes, 11 de abril de 2022

Lunes Santo: Jesús se enfrenta al poder político

¿Qué le llevó a Jesús a la muerte en la cruz? Su trágico final no fue una sorpresa. Se había ido gestando día a día desde que comenzó a anunciar su nuevo reino. Mientras la gente lo acogida casi siempre con entusiasmo, en diversos sectores sociales se iba despertando la alarma. Su conducta original e inconformista los irritaba. Jesús era un estorbo y una amenaza. Posiblemente su actuación desconcertaba a casi todos, provocando reacciones diversas, pero el rechazo se iba gestando no en el pueblo, sino en aquellos que veían peligrar su poder religioso, político y económico.

El mayor peligro para Jesús venía de quienes ostentaban el máximo poder. Su anuncio de la implantación inminente del reino de Dios, su visión crítica de la situación, su programa de solidaridad con los excluidos y su libertad, representaban una radical y peligrosa alternativa al sistema impuesto por Roma. Jesús se fue convirtiendo en un peligro potencial de subversión, por lo que debía ser ejecutado sin más dilación en el tiempo.

Roma controlaba todo el territorio judío. En Galilea, al norte, reinaba Antipas, vasallo fiel del emperador. En Judea, al sur, gobernaba directamente el prefecto romano. Y, aunque Jesús actuaba sobretodo en Galilea, no va a ser Antipas quien lo va a ejecutar. Seguramente que había oído hablar de él, conocía su vinculación con Juan el Bautista y de su posible peligrosidad como fuente de subversión. Pero nunca lo detiene, a pesar de que en alguna ocasión estuvo cerca de hacerlo (Lc 13, 31). No quiere provocar más descontento tras el resentimiento popular provocado por la ejecución de Juan el Bautista.

Tampoco Jesús muestra desprecio por Antipas, a quien, en alguna ocasión llega a llamar «zorra» (Lc 13, 32), pero más porque también a él quiere atraparlo como hizo con Juan el Bautista, que por otra cosa. Se burla del emblema acuñado por Antipas en sus monedas, quien había elegido el tema vegetal de la caña, que crecía abundantemente a orillas del mar de Tiberíades (Mt 11, 7-9).

Es seguro que en el palacio de Cesarea, donde residía Pilato, y en la torre Antoniana de Jerusalén, donde permanecía vigilante una guarnición de soldados, no dejarían indiferente a nadie las noticias que llegaban de Galilea. Pero tampoco les sobresaltaba de manera excesiva, porque estas noticias eran un tanto confusas. A medida que van descubriendo la atracción que Jesús ejercía en el pueblo y, sobre todo, cuando ven la libertad con la que lleva a cabo algunos gestos provocativos en Jerusalén, precisamente en el ambiente de las fiestas de Pascua (Mt 21, 12; Mc 11, 15; Jn 2, 14-15), empiezan a tomar conciencia de su peligrosidad.

Desde el principio de su misión, Jesús emplea como símbolo central de su mensaje un término político. A todos trata de convencer de que la llegada del «imperio de Dios» es inminente. El termino que utilizaban para señalar «reino», se empleaba en los años treinta para hablar del «imperio» de Roma.

Es cierto que Jesús no piensa en una sublevación contra Roma en plan suicida, pero su actuación empieza a ser peligrosa, porque por donde pasa enciende la esperanza de los que no tienen nada, de los que tienen hambre de los que están abatidos. Él sabe que el cambio no se puede lograr contra las legiones romanas, pero al poner toda su esperanza en la fuerza del Dios de Israel, hacía temblar hasta los muros más sólidos.

Quizás nos resulte difícil captar la tragedia político-religiosa que se vivía en Israel. Eran el pueblo elegido de Dios y, sin embargo, vivían sometidos al poder maléfico de Roma. No podían concebir una opresión tan cruel sin pensar en la intervención de fuerzas sobrehumanas hostiles a Israel. Los romanos eran las fuerzas malignas que se habían apoderado del pueblo y lo estaban despojando de su identidad. El imperio de Jesús empezaba a hacerse sentir y las gentes de Galilea intuyeron que ya estaba pronta la derrota de los romanos, pero es poco probable que estos vieran en su extraño comportamiento una amenaza para el Imperio.

Quizás el hecho más relevante de enfrentamiento, que tampoco fue tal, de Jesús con el poder romano debía ser aquel en el que le presentaron una moneda del César y le preguntaron si era lícito pagar o no el tributo al César (Mc 12, 13-17). Hay que señalar que esta pregunta tenía trampa, ya que si respondía negativamente podía ser acusado de rebelión contra Roma, y si aceptaba el pago del tributo, quedaría desacreditado ante las gentes del pueblo, que vivían exprimidas por los impuestos y que Jesús defendía. Así que Jesús, pide que le enseñen la «moneda del impuesto» y pregunta por la imagen que aparecía en ella. Representaba a Tiberio y la leyenda decía: Tiberius Caesar, Divi Augusti Filius Augustus; en la parte de atrás se leía: Pontifex Maximus. El gesto de Jesús es ya clarificador. Sus adversarios vivían esclavos del sistema, pues utilizaban aquella moneda acuñada con símbolos políticos y religiosos y por lo tanto estaban reconociendo la soberanía del emperador. No es su caso, ya que él no poseía esa moneda en su bolsillo, ya que tuvo que pedirla y vive de manera libre, dedicado a los más excluidos dentro del Imperio. 

Así que la respuesta que da, lo hace desde la libertad: «Devolved al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios». Con esta respuesta parece que Jesús está aceptando el sistema y por lo tanto el pago del tributo. Pero su mensaje es mucho más sencillo: «Si te aprovechas del sistema, te beneficias de él y colaboras con Roma, cumple tus obligaciones con los recaudadores y entrega al César lo que de él viene. Pero no dejes en manos del César lo que viene y pertenece solo a Dios». La respuesta es muy hábil y por lo tanto sortea la trampa que le habían tendido. Este hecho, Lucas lo señala como una de las acusaciones que se presentaron ante Pilato: anda alborotando al pueblo y prohibiendo pagar tributos al César (Lc 23, 2). 

Pero este hecho, no fue solo una trampa, sino que el hecho se remontaba al año 6 de nuestra era. Jesús tendría unos diez o doce años y posiblemente conoció el suceso. Una vez que fue destituido Arquelao como tetrarca de Judea, Roma pasó a gobernar directamente la región. En adelante, los tributos se pagarían directamente al prefecto romano y no a la autoridad judía que estaba subordinada a Roma. La nueva situación provocó una fuerte reacción promovida por un tal Judas, oriundo de Galilea y un fariseo llamado Sadoc. Su planteamiento iba a la raíz: Dios es el «único Señor y dueño de Israel»; pagar el tributo al César era sencillamente negar el señorío del Dios de Israel. En realidad, este era el sentir de todo el pueblo, solo que Judas y Sadoc lo planteaba con radicalidad: los judíos deben aceptar le imperio exclusivo de Yavé sobre la tierra de Israel y negarse a pagar el tributo al César. Roma terminó con aquel movimiento, pero las discusiones no cesaron.

Jesús resultaba un elemento inquietante para quienes vivían del Imperio de Roma: la aristocracia del templo, las familias herodianas y el entorno de los representantes del César. Esto fue lo que los llevó a acusarlo ante Poncio Pilato y sobre su cruz colocaron la inscripción: Este es el rey de los judíos (Mt 27, 37). He aquí la acusación política formal.

Para nuestra exposición hemos utilizado las ideas del libro de Pagola, J.A. (2007). Jesús. Aproximación histórica. Editorial PPC.


Artículo publicado en El Faro de Melilla

domingo, 10 de abril de 2022

Domingo de Ramos: Entrada triunfal en Jerusalén

Nos encontramos en el pórtico de la Semana Santa. Y cruzamos esta puerta entre cánticos y alabanzas: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Así fue recibido Jesús cuando entró en la ciudad de Jerusalén montado en un borrico y rodeado por sus discípulos. La gente lo aclamaba, lo festejaba y con sus mantos extendidos en el suelo, simulaban hacerle una alfombra. Ramos de olivo al aire, palmas y alegría. Llegaba el Mesías a Jerusalén y por fin se iba a cumplir el plan salvador de Dios. Pero toda esta alegría, se vería truncada a lo largo de la semana que iba a comenzar. Toda aquella fiesta terminaría en lloros y gritos, pero de dolor.

El Domingo de Ramos está lleno de símbolos, que van a predecir lo que terminará sucediendo el Viernes Santo. Pero también es verdad que este final ya estaba marcado mucho antes del Domingo de Ramos. Jesús se había enfrentado a todos los poderes: políticos y religiosos y, como era de suponer, aquello no le llevaría a un final dulce y agradable.

El símbolo del pollino

El mismo hecho de subir desde la fuente Guijón hacia las puertas de Jerusalén era un rito que se usaba en tiempos del rey Salomón y que sus sucesores continuaron al inicio de su reinado (1Re 1, 32-35), indica que Jesús no lo estaba haciendo al azar, sino que tenía muy bien pensado lo que iba a hacer y por lo tanto lo que iba a pasar.

Creo que nadie se puede imaginar a un rey montando en borriquillo o pollino. Más bien, un buen rey que se precie montaría en un caballo, de raza, con un porte elegante y fino. Sin embargo, en el texto del evangelio de Lucas (Lc 19, 28-40) se nos habla de que Jesús entra en Jerusalén a lomos de un burro. Los burros eran animales destinados a los trabajos en el campo.

Pero esta entrada de Jesús montado en un burro estaba ya descrita en el profeta Zacarías, quien había dicho: “Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna (Zac 9, 9). Así se trataría de un rey pacífico y universal.

Los vítores de la gente que lo recibe, prácticamente lo están proclamando rey del pueblo de Israel como lo fue en sus tiempos David.

Así que, esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, les muestra a todos que él es el Cristo, el Hijo de Dios, tanto que, ya en el siglo II, este episodio se considera la afirmación principal del “mesianismo” de Jesús. El burro también puede representar el elemento instintivo y terrenal del hombre, que Jesús va a conducir hacia la salvación.

Los ramos de olivo (palmas)

El evangelio de Lucas no menciona para nada los ramos de olivo ni las palmas. Sí lo hacen Marcos y Mateo, diciendo que la gente agitaba ramas de olivo al paso del Señor. Juan por su parte, nos dirá que lo que agitaban eran palmas. Tanto las ramas de olivo como las palmas, tienen también su significado.

La palmera es una planta que se renueva cada año con una hoja, lo que nos aporta una imagen mesiánica de la creación, un puente entre Dios y el hombre, la montaña y la ciudad. Hasta el siglo IV, una tradición existente en Jerusalén señalaba físicamente la palmera de la que habían obtenido las ramas aquellos que habían alabado la entrada de Jesús.

En Occidente, las palmeras no crecen o no son tan frecuentes, con lo que fueron reemplazadas por las ramas de olivo, donde sí se podían encontrar. El olivo simbolizaba la paz desde los tiempos de Noé, cuando, después del diluvio, la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra (Gén 8, 11), indicando así que todo había acabado y volvía la normalidad (la paz).

Incluso en los países del norte de Europa, donde encontrar olivos es difícil, utilizaban ramos de flores entrelazadas para la procesión del Domingo de Ramos.

Comienza la última semana de Jesús

Y termina el evangelio de Lucas (Lc 19, 39-40), señalando que algunos de los fariseos que allí estaban, le pedían a Jesús que mandase callar a sus discípulos, porque lo que estaban haciendo no estaba bien. Pero Jesús no los manda callar, ni les recrimina lo que están haciendo, y eso que siempre les había insistido en que no dieran a conocer su condición. Y es que los gritos de la multitud aclamaban y reclamaban la autoridad especial que tenía Jesús, como la había tenido el rey David en su época. Pero Jesús había subido a Jerusalén consciente de que sería su última Pascua y que allí iba a terminar todo (o mejor dicho, comenzar algo nuevo). Jesús eligió un burro, símbolo de mansedumbre y así les daba una lección acerca de la autoridad. Entraba en Jerusalén, no como un conquistador y rey poderoso, sino como un siervo humilde y paciente. Consciente de que había llegado su hora.

Con el Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa, y con ella reconocemos a Jesús como el rey salvador que necesitamos, reconocemos que es él quien debe tener dominio sobre nuestras vidas para que podamos sentirnos seguros, firmes, felices, serenos… Para que no nos domine el odio, el miedo, la injusticia, la tristeza. Hoy recordamos que Jesús es el rey de nuestras vidas, de nuestro hogar y de todo lo que somos y tenemos. 

Artículo publicado en El Faro de Melilla

jueves, 7 de abril de 2022

Lluvias torrenciales en Melilla

 Hacía tiempo que no se veía llover en Melilla como lo ha hecho estos dos días. Es cierto que cuando llueve un poco fuerte enseguida tenemos el centro inundado. Unos lo achacan a que los sistemas de bombeo que se instalaron no funcionan en condiciones. Otros señalan que no se limpian las arquetas en condiciones. Otros que el cauce del río fue desviado en su momento y que cuando llueve un poco fuerte, este vuelve a su cauce, que pasaba por la calle General Marina, que siempre es la primera en inundarse.

Lo cierto es que, como ha llovido en estos dos días, hacía tiempo que no lo hacía. Y también es cierto que, por muy bien que hubiesen funcionado las bombas, o las arquetas hubieran estado muy limpias o que si el río no se hubiese desviado, el centro se hubiese inundado igual. Es más, estoy convencido de que si la cantidad de agua (42 litros por m2) hubiese caído en cualquier otra ciudad, esta se hubiera inundado igualmente. Porque era impresionante ver cómo llovía el martes pasado.

Aquí dejo algún vídeo que refleja la fuerza del agua.




lunes, 28 de marzo de 2022

Todos contra Sánchez

 La huelga de transportistas por carretera que empezó hace ya una semana, está pasando factura por toda la geografía española. En los supermercados empiezan a verse baldas vacías y algunas fábricas han comenzando a detener su producción, porque no les llega materia prima o bien tienen sus almacenes llenos y no pueden seguir almacenando. La situación se está convirtiendo en algo grave e insostenible y es más, si no hay acuerdo con los que realmente la están secundando, esto va a ir a peor.

El jueves se llegaba a un acuerdo con el Comité Nacional del Transporte por Carretera, que agrupa a las principales asociaciones del sector. Pero da la casualidad, que existe una Plataforma para la Defensa del Transporte de Mercancías por Carretera Nacional e Internacional, que es la que convocado las protestas y que la Administración no quiere reconocer. 

El viernes, la ministra se reunía con el presidente de esta Plataforma, viendo que el acuerdo con el Comité no les llevaba a buen término. Así que el viernes por la tarde se reúne con la Plataforma y al final de la reunión, los huelguistas señalan que siguen adelante, porque no se ha arreglado nada con lo que la Administración propone. Y así han estado todo el fin de semana. Algunos se han puesto en marcha, pero la mayoría sigue con sus caminos parados, porque dicen que no les compensa arrancar sus camiones.

Lo cierto es que el Gobierno se ha ido complicado la madeja a medida que pasaban los días. Primero los ignoró y luego los acusó de saboteadores de extrema derecha, asegurando que el desabastecimiento era puntual y en algunas zonas y pedía a los huelguistas que respetasen los servicios mínimos. Por si fuera poco, la crisis energética y del combustible, agravada por la guerra de Rusia contra Ucrania, hizo que todo estallase por los aires, más rápido de lo que se esperaba. De todas formas, la crisis energética ya venía de largo, a pesar de que el presidente Sánchez saliese defendiendo la bandera de que había sido por culpa de la guerra de Putin.

Los huelguistas siguen sumando apoyos de distintas asociaciones de transportistas y por si fuera poco, los pescadores y agricultores se han sumado a la huelga, señalando que son pérdidas el salir a faenar y por lo tanto prefieren estar amarrados en puerto. A todas estas movilizaciones se añaden los taxistas, los conductores de ambulancias, los conductores de vehículos de alquiler, los de autobús regular. Todos ellos no pueden hacer frente a la subida de los precios de los carburantes.

Entre los socios del Gobierno se palpa nerviosismo. Los ministros del Gobierno tratan de torear a las preguntas sobre el tema y si les insisten un poco se mosquean y señalan que no van a contestar a más preguntas.

Y es que yo recuerdo una huelga de transportes en 2008, pero ni mucho menos con las consecuencias que está teniendo esta. Comenzamos una semana nueva, vamos a ver cómo se va enfilando la situación.

Los Santos Inocentes

 El 28 de diciembre la Iglesia Católica celebra el día de los Santos Inocentes. Con esta fiesta recuerda lo que la tradición narra y los eva...